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SIBO: por qué tienes hinchazón y gases aunque comas sano

Publicado el 13 de abril de 2026

Descubre si podrías tener SIBO: qué es, por qué aparece, cuáles son sus causas y cómo afecta a tus digestiones.

¿Llevas tiempo con hinchazón abdominal después de comer? ¿Gases excesivos, digestiones pesadas, alternancia entre diarrea y estreñimiento… y crees que puedes tener SIBO?

Si has llegado hasta aquí buscando respuestas, estás en el lugar indicado.

En este artículo te voy a explicar qué es el SIBO, cuáles son sus síntomas (incluyendo algunos que probablemente no asociarías con un problema digestivo), qué lo causa y por qué cada vez hay más personas con este diagnóstico.

Qué es el SIBO

SIBO son las siglas en inglés de Small Intestinal Bacterial Overgrowth, que en español significa Sobrecrecimiento Bacteriano en el Intestino Delgado.

Para entender qué es el SIBO, primero necesitas saber una cosa: tu intestino no es uniforme. El intestino delgado y el intestino grueso son dos tramos muy distintos, con funciones diferentes y con comunidades bacterianas muy diferentes también.

En condiciones normales, el intestino delgado tiene pocas bacterias. Es el tramo donde ocurre la mayor parte de la digestión y la absorción de nutrientes, y para que ese proceso funcione bien, tiene que estar relativamente «limpio». El intestino grueso, en cambio, está lleno de bacterias: ahí es donde viven la mayor parte de los microorganismos que forman tu microbiota intestinal.

El SIBO ocurre cuando bacterias que deberían estar en el intestino grueso colonizan y crecen en el intestino delgado. Y una vez ahí, fermentan los alimentos, generando gases, inflamación y daño en la mucosa intestinal.

👉 El SIBO no es una moda ni una tendencia de internet. Es una condición conocida y documentada desde hace más de 50 años, reconocida oficialmente en la guía clínica oficial del Colegio Americano de Gastroenterología, con criterios de diagnóstico y opciones de tratamiento basadas en evidencia.

Síntomas del SIBO: digestivos y no digestivos

Uno de los grandes problemas del SIBO es que sus síntomas se parecen mucho a los de otros trastornos digestivos, como el síndrome del intestino irritable o la celiaquía, lo que hace que el diagnóstico se retrase o se confunda.

Síntomas digestivos

Los más frecuentes son:

  • Distensión abdominal. Es el síntoma más característico del SIBO. Una hinchazón que aparece sobre todo después de las comidas, que puede generar tirantez, presión o dolor, y que empeora a lo largo del día, haciendo que tu barriga cambie visiblemente de tamaño entre la mañana y la noche.
  • Gases excesivos. Flatulencias y eructos más de los habituales. En función del tipo de bacteria que esté en sobrecrecimiento, estos gases pueden tener un olor muy intenso o apenas oler pero ser muy ruidosos. También pueden ser dolorosos si hay dificultad para expulsarlos.
  • Dolor abdominal. Frecuentemente asociado a la distensión o a la acumulación de gases. Puede ser un dolor tipo cólico o más constante, en la parte alta o baja del abdomen.
  • Alteración del tránsito intestinal. Diarrea, estreñimiento o alternancia entre ambos. En el SIBO de hidrógeno es más frecuente la diarrea y, en el SIBO de metano, el estreñimiento.
  • Otros síntomas digestivos como reflujo o acidez, náuseas, digestiones muy pesadas, saciedad precoz o ruidos intestinales frecuentes también son habituales.

Síntomas extradigestivos: cuando el intestino afecta a todo el cuerpo

Aquí es donde muchas personas se sorprenden. Los efectos del SIBO no se quedan solo en el intestino. Cuando hay un sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado, se produce daño en la mucosa intestinal, aumenta la permeabilidad intestinal y se desencadena un entorno inflamatorio que puede afectar a otros sistemas del cuerpo.

Por eso, junto a los síntomas digestivos, en el SIBO también pueden aparecer:

  • Fatiga y cansancio sin una causa clara
  • Neblina mental (dificultad para concentrarse, sensación de tener la cabeza «espesa»)
  • Migrañas o dolores de cabeza frecuentes
  • Alteraciones de la piel: dermatitis, eccemas, sequedad o picores
  • Mayor tendencia a enfermar
  • Alteraciones hormonales: acné, síndrome premenstrual más intenso, dolor de regla
  • Sangrado de encías o mal aliento
  • Pérdida de peso involuntaria

No siempre van a aparecer todos estos síntomas, y no en todos los casos el SIBO es la causa directa. Pero si llevas tiempo con molestias digestivas y reconoces en esta lista varios síntomas que parecían no tener explicación, tiene sentido investigar si hay un SIBO detrás.

⚙️ Qué ocurre dentro del intestino cuando hay SIBO

Para entender bien los síntomas, ayuda saber exactamente qué pasa en el intestino cuando hay un sobrecrecimiento bacteriano.

  1. Fermentación donde no toca. Los alimentos llegan al intestino delgado y las bacterias los fermentan de forma prematura y excesiva. En condiciones normales, la fermentación ocurre en el intestino grueso. Cuando ocurre en el delgado, se producen gases que se acumulan y generan la hinchazón característica del SIBO.
  2. Malabsorción de nutrientes. El daño en la mucosa del intestino delgado dificulta la absorción correcta de nutrientes. Es frecuente ver déficits de hierro, vitamina B12 y vitaminas liposolubles (A, D, E y K) en personas con SIBO.
  3. Intolerancias alimentarias. Por el mismo motivo, también reduce la producción de enzimas digestivas, lo que favorece la aparición de intolerancias a la lactosa, la fructosa, los FODMAP o la histamina. Muchas veces estas intolerancias no existían antes del SIBO y son consecuencia de él, no la causa.
  4. Aumento de la permeabilidad intestinal. El daño en las uniones entre las células intestinales hace que sustancias que no deberían pasar a la sangre lo hagan. Esto desencadena inflamación sistémica y puede explicar muchos de los síntomas extradigestivos.

Por qué se desarrolla el SIBO: los mecanismos de protección que fallan

Nuestro intestino delgado tiene varios mecanismos para evitar que las bacterias se instalen donde no deben. El SIBO se desarrolla cuando uno o varios de esos mecanismos fallan.

  • El ácido gástrico. El estómago produce un ácido con un pH de entre 1 y 3,5, extremadamente ácido, que actúa como primera barrera defensiva frente a bacterias y patógenos. Cuando la producción de ácido disminuye (por ejemplo, por el uso crónico de omeprazol, como explico en detalle en mi artículo sobre omeprazol y SIBO), esa barrera se debilita y las bacterias tienen más facilidad para llegar al intestino delgado.
  • La bilis y las enzimas digestivas. La bilis tiene propiedades antimicrobianas. Si hay problemas en la vesícula biliar o en la secreción de enzimas digestivas, la digestión se resiente y el entorno del intestino se vuelve más favorable para el sobrecrecimiento bacteriano.
  • La motilidad intestinal y el complejo migratorio motor. Entre comidas, el intestino realiza unas contracciones de limpieza que arrastran las bacterias hacia el intestino grueso. Si este mecanismo falla las bacterias se quedan donde no deben.
  • La válvula ileocecal. Es el esfínter que separa el intestino delgado del grueso. Si no cierra bien, las bacterias del colon pueden migrar hacia el intestino delgado.
  • El sistema inmune intestinal. Cuando el sistema inmune está debilitado, pierde capacidad para controlar el crecimiento bacteriano en el intestino delgado.

Causas del SIBO: factores de riesgo más frecuentes

Entonces, ¿qué hace que estos mecanismos fallen? Las causas son múltiples, y en la mayoría de los casos hay más de una actuando a la vez.

  • Uso crónico de omeprazol u otros inhibidores de la bomba de protones. Es uno de los factores de riesgo más estudiados. Al reducir el ácido gástrico, debilitan la primera barrera defensiva frente al sobrecrecimiento bacteriano.
  • Estrés crónico y alteraciones psicoemocionales. El estrés tiene un impacto directo sobre la motilidad intestinal y el complejo migratorio motor a través del eje intestino-cerebro.
  • Abuso de antibióticos. Especialmente durante la infancia. Los antibióticos de amplio espectro alteran la microbiota intestinal, la mucosa y el sistema inmune, dejando el intestino más vulnerable.
  • Estreñimiento crónico. Un tránsito lento favorece que las bacterias se queden más tiempo en el intestino delgado. Es un factor de riesgo especialmente relevante para el SIBO de metano.
  • Intoxicaciones alimentarias, gastroenteritis o diarrea del viajero. Algunos tipos de bacterias, como la E. coli enterotoxigénica, producen toxinas que dañan el sistema nervioso entérico y alteran a largo plazo la motilidad intestinal. A este cuadro se le llama SIBO post-infeccioso y es más frecuente de lo que parece.
  • Alimentación inadecuada. Una dieta baja en fibra y antioxidantes y rica en azúcares, grasas saturadas y ultraprocesados empobrece la microbiota y favorece un entorno intestinal más vulnerable.
  • Sedentarismo. La actividad física es fundamental para mantener un buen tránsito intestinal y tiene efectos antiinflamatorios directos sobre el intestino.
  • Otros medicamentos de uso crónico. Antiinflamatorios, anticonceptivos, antihistamínicos, antidepresivos o ansiolíticos también pueden impactar sobre la motilidad intestinal y la microbiota.
  • Cirugías del tracto digestivo. Especialmente las que alteran la anatomía o la función intestinal: cirugías bariátricas, resecciones intestinales, colecistectomía (extirpación de la vesícula biliar), entre otras.
  • Enfermedades crónicas. Enfermedades autoinmunes, hipotiroidismo, diabetes, endometriosis, enfermedad de Crohn, celiaquía, esclerodermia y otras patologías se asocian a mayor riesgo de SIBO.
  • Edad. A medida que envejecemos, la producción de ácido gástrico disminuye y la motilidad intestinal se ralentiza, lo que aumenta la vulnerabilidad frente al sobrecrecimiento bacteriano.

Dos revisiones científicas publicadas en PubMed en 2024 identificaron los principales factores que predisponen al SIBO. Te lo resumo en esta infografía.

Por qué hay cada vez más casos de SIBO

Esta es una pregunta muy normal que nos hagamos, ya que hoy en día pocos quedan que no conozcan el SIBO. Y la respuesta tiene dos aristas:

Por un lado, hoy se diagnostica más y mejor. El test de aire espirado, que es la prueba más utilizada para diagnosticar el SIBO, es cada vez más accesible y está más extendido. Hace 15 o 20 años, muchas personas con SIBO recibían diagnósticos de «colon irritable» o simplemente se les decía que «era el estrés» y que tenían que aprender a vivir con ello.

Por otro lado, nuestro estilo de vida actual crea el caldo de cultivo perfecto para el SIBO. El estrés crónico, el sedentarismo, la dieta occidental pobre en fibra, el uso excesivo de antibióticos y de omeprazol, la contaminación ambiental y el escaso contacto con la naturaleza están alterando nuestra microbiota y debilitando los mecanismos de protección del intestino.

El SIBO no ha aparecido de la nada. Es, en parte, el reflejo de cómo vivimos.

⚠️ Signos de alarma que requieren atención médica urgente

Antes de terminar, quiero que tengas claro que no todos los síntomas digestivos son SIBO. Hay señales que requieren que acudas al médico y que no debes atribuir a un problema de microbiota sin antes descartar otras causas:

  • Pérdida de peso repentina e involuntaria
  • Sangrado en heces (sangre roja o heces negras)
  • Dolor abdominal severo o localizado en una zona concreta
  • Síntomas que aparecen principalmente por la noche e interrumpen el sueño
  • Cambio muy repentino en el hábito deposicional sin causa aparente
  • Antecedentes familiares de enfermedad inflamatoria intestinal o cáncer digestivo

Si reconoces alguno de estos signos, ve al médico antes de empezar a buscar causas alternativas.

Preguntas frecuentes

¿El SIBO es lo mismo que el síndrome del intestino irritable?

No. El síndrome del intestino irritable (SII) es un trastorno funcional diagnosticado por los síntomas. El SIBO es una alteración con una causa identificable y tratable. Pueden coexistir, y muchas personas con SII tienen SIBO detrás, pero no son lo mismo.

¿Cómo se diagnostica el SIBO?

La prueba más utilizada es el test de aire espirado, que mide los gases hidrógeno, metano y, en ocasiones también el sulfuro de hidrógeno, que producen las bacterias en los distintos tramos del intestino.

¿El SIBO tiene cura?

Sí, el SIBO se puede tratar y resolver. El abordaje más efectivo combina un tratamiento erradicador (con antibióticos o herbáceos) con cambios en la alimentación y el estilo de vida, y sobre todo con la identificación y el trabajo sobre las causas que lo originaron. Sin trabajar las causas, las recaídas son frecuentes.

¿Tengo que hacer dieta baja en FODMAP si tengo SIBO?

No necesariamente, y no siempre es la mejor opción para todos. La dieta en SIBO debe individualizarse en función de tu caso, tus síntomas y tu punto de partida.

En resumen

El SIBO es el sobrecrecimiento de bacterias en el intestino delgado. Sus síntomas más frecuentes son la hinchazón, los gases, el dolor abdominal y la alteración del tránsito, aunque también puede manifestarse con fatiga, neblina mental o alteraciones en la piel.

Se desarrolla cuando fallan los mecanismos que protegen el intestino delgado del sobrecrecimiento bacteriano, y sus causas más frecuentes incluyen el estrés crónico, el uso de omeprazol, los antibióticos, el sedentarismo y una mala alimentación.

No es una moda. Es una condición cada vez más frecuente que, con el abordaje adecuado, tiene solución.

👉 ¿Te identificas con lo que has leído?

Si llevas tiempo con síntomas digestivos sin explicación y crees que puede haber un SIBO detrás, podemos estudiarlo juntas.

Puedes reservar tu cita desde la web o contactarme a través del formulario.

Sobre la autora

Mariola Jiménez — Dietista-Nutricionista colegiada (CODINUCAT nº CAT2004)

Dietista-nutricionista especializada en salud digestiva. Ayudo a personas con síntomas digestivos crónicos (hinchazón, reflujo, SIBO, intolerancias…) a encontrar la causa real de lo que les pasa y a recuperar su bienestar a través de la alimentación y el estilo de vida.

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